Dibujo de l1ibreta a mano alzada con detalle de lápiz en amarillo

La convivencia con la frustración siendo millenial

Todo eran risas hasta el 2019. Vivíamos en automático pero…


Todo eran risas hasta el 2019. Vivíamos en automático pero no lo sabíamos. Llevábamos el modo supervivencia a otro nivel.
Llegó el parón, el silencio, las calles desiertas.
Tocó reaprender y redescubrirnos .

La vuelta a casa

Después de diez años fuera de casa tocó retornar. Descubrí un ciclo de Formación Profesional que me costó y salvó la vida por igual.

El declive

Reconozco que volver a estudiar en tus treinta acojona un poco. Pero adoraba mi ciclo. Todo me parecía interesante. Me aplicaba como nunca, pasando apuntes a limpio, haciendo presentaciones… Algo se estaba cocinando dentro de mí.
Resulta, que además de ser perfeccionista, mi nivel de autoexigencia estaba por las nubes (¿e igual para con los demás?). Si a esto le sumamos un corazón triste y otros cuantos infortunios, llegamos a la conclusión de que el inicio de mis 31 fueron de lo peorcito de mi vida.

El resurgir

Hay que llegar muy al fondo para volver a subir y poder decir: joder. Lo que había ahí.
¿Qué había ahí?
Ja, no voy a desnudarme aquí. Pero estaba todo muy oscuro.

¿Ahora qué?

En mi intento por volver a la superfie, conseguí acabar el ciclo y volé. Volé todo lo lejos que me permitieron mis prácticas, que fue Mallorca.
El 2023 fue como si comprimiesen 3 años y medio en un mismo periodo de tiempo.
Está:
-El curso antes del evento de fin de curso
-El evento
-Mallorca
-Post-Mallorca

El curso antes del evento de fin de curso

Descubrí que la palabra asertividad puede clavarse como un cuchillo. Que sí, que tenemos que hablar bien. No es tan difícil.
(Lo es)
También que soy tenaz (es la palabra bonita para cabezota), persistente (sinónimo de tenaz) y ¿obstinada?
Pero te prometo que soy un amor.

El evento

Al final siempre sale.
Conseguí trabajar en equipo, ser a-ser-ti-va y parecer una diva de los años 20 con el pelo engominao’.
Os adjuntaría foto pero la calidad es pésima.

(Así que subo esta que aun que también es mala, al menos es graciosa)

Logo mujer

Mallorca

Una vez alguien me dijo que sólo a un masoquista le gustaría dedicarse a eventos. A eso le añado pasar un VERANO en Mallorca currando.
Pues igual lo soy. De momento me va más o menos.
Jamás,

Gato con peluca gritando jamás

había SUDADO tanto en mi vida.
Debería dejar de enfatizar tanto las cosas pero s* **** *****. Lo raro es que no me haya deshidratado en alguna de las tardes al sol montando mesas.
Pero dentro de todo lo malo que me llevo de esta experiencia (que ya es), había una paz interior y sobre todo, una luz, que me hacía sentir capaz de todo.
Y esa luz la encontré un día en uno de los pasillos o túneles, como solíamos llamarlos, cuando cada persona que se cruzaba conmigo me decía lo deslumbrante que era mi sonrisa.

Llevaba una falda verde y un top negro. El pelo, engominado (pero sin ondas) y los labios rojos. Pronto se me empezó a reconocer como la chica de los labios rojos.
Había hecho alguna boda antes, también sonriente y llena de ilusión; pero fue en esa ocasión cuando lo supe: voy a ser organizadora de eventos.

Post-Mallorca

Volver estuvo bien. Por un tiempo.
El fresquito se agradecía. Cambié los amaneceres de las 6am por los atardeceres a las 21pm. Pero ojo, una vez te acostumbras, qué bonitos son esos amaneceres.
Volví a ver a mi perra. A no preocuparme por la comida, el uniforme o cuánto tardaría en llegar a los sitios en bici.
También dejé de compartir 8 horas de mi vida con la persona más dulce y buena del universo. Zoraida, si estás leyendo esto, te quiero.

Dejé:

·Las risas en el comedor

·Los macarrones a la amatriciana con vistas al mar

·El Nestea de maracuyá (¿por qué es tan j*****mente difícil encontrar un bar con Nestea de maracuyá en Pontevedra?)

·Los abrazos de María (nuestra madre en la isla).

Dejé de flotar en el mar para ver cómo cruzan los aviones el cielo.

El perro del dueño del supermercado de la esquina, que está viejo y ciego y sordo pero es cariñoso y tierno.

Dejé la bici, los cafés fríos a 0.80 céntimos, a mi amiga la que siempre llega tarde.

Al final acabo llorando. Un día, aburrida, me puse a buscar cursos en el SEPE, y encontré este: COMM0112 GESTIÓN DE MARKETING Y COMUNICACIÓN
Marketing, bien, me gusta el marketing. Comunicación, coño, mi nombre significa «elocuente» (me hace gracia porque en la descripción del mismo, pone: bien hablada, y ya llevo unos cuantos tacos en este artículo).

Según la RAE, elocuente significa: Facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir.
Deleitar no sé, conmover, aunque sea, un poquito, lo habré conseguido, ¿no?

Acabo de darme cuenta de que el título es La convivencia con la frustración siendo millenial y no os he hablado del tema.
Elocuente.

Llegar de Mallorca, ponerse a estudiar. Buscas curro pero quieres acabar el curso, vives con tu familia (en una aldea), necesitas coger el coche para ir a cualquier sitio (menos al monte. Cruzas la carretera y ya), no tienes amigos aquí porque te pasaste diez años fuera y del ciclo solamente una persona sigue en contacto contigo habitualmente (básicamente porque es una versión de ti en miniatura; Andrea, a ti también te quiero).

La convivencia con la frustración mal, MAL. La clave está en pasar un día tras otro. ¿Qué vas a hacer el domingo? No lo sé. Es martes. No puedo pensar.

Intenté llevar un bullet journal de estos preciosos con mis horarios de sueño, mis rutinas de skincare, de yoga, con un listado de películas y series… Aguanté 4 meses (bueno casi).
Y es que soy un animal de costumbres, pero me he dado cuenta de que no soy constante. O sea, constante en cosas random que me impongo. Como hacer un journal de esos súper cuquis.

Me pasa con la escritura. Me flipa escribir. Cuando Diana me dijo: ¡Olaia! Tienes que escribir DOS artículos para el blog. Mi cara fue

Meme monito no ahora, por favor

Sin embargo, contra todo pronóstico, tras asistir al Congreso Flúor, tengo la inspiración a x1000.

(Puedes leerme en LinkedIn)


Quiero (re)abrir mi blog pero tengo miedo de que me vuelva a pasar lo mismo. ¿Y si se me van las ganas de escribir? ¿No es bastante frustrante trabajar el autosabotaje como para añadir el peso del deber escribir regularmente?


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